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5 de octubre de 2011

Un niño juega a ser feliz; describe de forma tan extraordinaria y detallada al amor de su vida que hasta pude ver su figura flotando en el aire. Pero su madre lo llama; la cena está lista, y aquella joven de quien yo también me he enamorado se desvanece sin dejar rastro y mucho menos anunciando su paradero.
He buscado por años a esa persona pero no tuve éxito; nunca es fácil encontrar a quien uno busca. Nunca apareció; nunca volví a ver a ese niño.
Porque yo deseaba que nuevamente imagine para mí a esa mujer que me encandiló y me hizo volver a soñar con cosas que no puedo hallar. Porque no soy un niño y mi imaginación se ha desgastado. Porque no soy un niño y ya no puedo jugar; por todo esto es que, a diferencia de aquel chico, no soy capaz de imaginar que soy feliz y, mucho menos, jugar a que lo soy.

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